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domingo, 15 de enero de 2017

POBRES A LA POIVRE

                                     
                                   
Doña Fifa de Bracamonte organizó en el salón marino de su residencia (el que ostenta los cuadros de la época también azul de Reverón), un espléndido ágape para recoger fondos en pro de los pobrecitos pobres, cumpliendo así el benéfico llamado de la ONU, desde Dinamarca, en auxilio de los menesterosos.
Fifa, con sus recientes bucles de peluquería y su "tailleur" de dama antañona, está vuelta un ocho ante el arribo de las invitadas, "¡Mon dieu, a mi me va a dar un yeyo digno de sicoanálisis si algo sale mal!"; y de inmediato se dispendia en últimas órdenes patronales: "Ramoooona, ¿pusiste los cubiertos de plata repujada que nos regaló en navidad la Management Financial Association (MAFIA)?", "¿Ya llegaron los acomodadores de carros con sus guoqui-toquis?”, "¡Petra, coloca la escultura de hielo junto al caviar de centurión importado!", "¡Enciendan las luces para que no quepan dudas acerca de mi serie de serigrafías o-ri-gi-na-les!"   
Y con el estruendo del timbre (el timbre de voz del mayordomo, por supuesto), entran un grupo de señoras ansiosas por ayudar a la pobrecía, "Aquí estamos, Fifa, como una sola mujer, para respaldarte en tu preciosa tarea. ¡Qué bella acción, qué sensibilidad tan sensible tienes, mijita!"
—¿Pero no vino ningún pobre, no? —inquiere Doña Lula de Albondiaga, bajo un susto horrible que le hace temblar la gargantilla.
-—¡Cómo se te ocurre, chica! —responde Fifa—, cada quien con su cada cual, ¿nespá?
Me devuelves el ánimo al carapacho, querida  —expresa Lula, porque no tengo ganas ni temáticas para conversar con esa gente. Les hablas de Nueva York o de Nueva Zelandia, for example, y se te quedan como babiecas en la mera luna marginal...
—¡Y algunos se bañan una vez a la semana; no lo digo yo, lo dice el Miami Herald  —tercia Cuqui de Herrera-Cuervo.
 —¡Fó, qué aguante!  —exclama  Mimí de Turulango—, figúrense que esta que viste y calza no sale de su pent-house de La Lagunita sin por los menos tres duchas tibias y un frasco de perfume fresco, no, miamor.
—Yo los admiro porque no engordan nada; y a mí que me cuesta un  mundo de aerobics y gimnasia rítmica en el Health Club, mantenerme medio flaca. Habrá que pedirles la receta, pero eso sí, por correo electrónico, muchachas  —alega Lola de Agarrazábal, al tiempo que se engulle una caja de Milkyway con capita de fresa.
—Definitivamente los pobres sufren menos que uno  —opina Macu de Veracierta—, pues no tienen que luchar con el servicio ni poseen compromisos sociales. Ellos son socialistas, viven su vida de perros y basta, mientras nosotras debemos estar pendientes hasta de lo que comen los bulldogs.
—No me toques la tecla del servicio, Macu, porque caigo en un ataque de nerviosidad tipo película de Almodóvar  —responde Fifa—. Ayer se me fue la cocinera colombiana y tuve YO MISMA que prender el microondas. No hay derecho legal para tanto malagradecimiento, y eso que le puse TV en el cuarto y un lindísimo bidé post-antiguo que me traje del town-chalet de la playa.
—Es que la flojera las mata, amigas  —apunta Mechi de Longoria—.Yo siempre les saco el ejemplo de mi esposo, un hombre que llegó en autobús desde los Andes y ahora pertenece a la directiva de Cemento Andino. Por sort y resort, mis hijos no pasarán las penurias de su padre, pues estudian en el Norte.
—¡Qué pésimo gusto vivir en los cerros, mon cherie, cuando hay infinidad de otras soluciones habitacionales con vigilancia privada y todo!  —murmura filosóficamente Doña Trina de Algáraz, metiéndole el colmillo a un canapé truffé.
-—¿Ustedes no se han dado cuenta de que la mayoría de los pobres son negros?  —interroga Lola, a la par que discrimina entre el salmón ahumado y el paté de fuá
—¡Aquí, my darling, aquí!  —contesta Lula—, porque en Suiza existen pobres pero bien catires. ¡Ay, quién se mudara a Berna para no ver más a estos vernáculos criollos!
—Bueno, compañeras —impone la anfitriona—, dejemos la perorancia de cuestiones de cultura, y brindemos con champaña porque el éxito de la Reunión de la ONU sea de Dinamarca mayor. Vivan las copas, viva Copenhague. ¡Salud!
—¡Y pesetas! —gritan a coro las damas de beneficencia.

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