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martes, 3 de noviembre de 2026

ARTIMAÑAS PARA VENDER MIS LIBROS

 


El editor-jefe me solicita una breve nota para la promoción de mis libros. Comprendí a través de un alienado hilo telefónico, que era indispensable transmitir a los posibles lectores (¡siempre el libro es una transacción!) la vida única y secreta de un autor. Accedí, después de hondo examen, a borronear algunas cuartillas para llenarlas de mi escuálido resumen personal.

La loca intemperancia de Verlaine me vino a la memoria como ejemplo azaroso; también Arguedas con su recurrencia suicida, y no sin razón un Miller incisivo y demoledor. Pero, seguramente, nada de eso conmovería a los apoltronados lectores, ahítos de on the rocks, saturados de hueca urbanidad, y algunos repletos de “Monsieur, gracias, s’il vous plaît”. Por más que he repasado los momentos culminantes de mis años escriturales, no logro encontrar esos destellos extraordinarios que todo el mundo supone en la vida de un creador. Si dijese, ¡y es una hipótesis!, que pequé de matrimonio y divorcio por tres veces consecutivas, con su herencia de hijos indiferentes y desprendidos, nadie se abismaría por tan común tragedia familiar. Si añadiese, en la misma senda, que sólo fue a los cuarenta años cuando pude aprisionar en letra escrita los revoloteos de mi inspiración, todos tendrían derecho a exclamaciones de airada crítica.


Y si me ocurriese expresar “con el corazón en la mano” (apelando a una trova histórica) que organicé fracasos tras derrumbes para convertirlos en resignadas victorias, quizás algunos podrían pensar que sólo soy una mediocre Ave Fénix con tenaz miedo a la muerte. Y si, por último, dijera —ya en confianza— que pago recibos, notas y débitos, mermando sin cesar los escasos números de mis haberes económicos, obligaría sin duda al ateneo intelectualoso, a lanzar reproches contra un típico sujeto-objeto de esta sociedad consumista.

Por tales motivos, recurrí al sonoro y falso nombre de Germán Prudencio Vila Altuve, para suscribir una opinión también falsa sobre mis libros: “Las novelas de M. M. poseen, en su denso contexto de recíprocas conjeturas, el germen sin anfibologías ni acritudes arcaicas de un espíritu estructural que sabe manejar avant la lettre, los intrincados procedimientos sinalagmáticos y sintagmáticos de la verdad esencial, para así proyectarnos una verdad/mundo que conculca los usuales arbitrios de lo individual o efímero. M. M. aborda con su psico-lenguaje de personal factura intimista, un universo extraño pero palpable, lleno de mitos y alegorías, con el fin de obtener en cada aserto la ansiada ruptura espacio-temporal, pero sin que ello involucre la consciente pérdida de su siempre obsesiva dimensión por el aquí y el ahora (comme Sartre ou la Beauvoir). El pulimento insaciable del signo y su imbricación directa con acontecimientos humanos, podrían ser los caracteres más ilustres de este artista escritural…”.

El proyecto no pasó de allí, pues las furiosas invectivas de mi editor lo destruyeron con mordacidad (“Amigo mío, hable de sexo, de crímenes horribles, de sórdidas traiciones; y olvídese, por favor, de estupideces elitescas”). Apremiado por esta compulsión, decidí finalmente atender los sabios consejos semiológicos de mi mecenas, y enviarle lo que a continuación transcribo: “M. M. es un prosista que se ha hecho a sí mismo. Fue titiritero, ladrón de bicicletas, domador de leones, vendedor de pianolas de segunda mano, pedagogo de palomas mensajeras, relojero ocasional y contrabandista de cuadros célebres o en proceso de celebridad. Nació en nuestro país, pero pronto se alistó en las fuerzas de liberación de la República de Niam, de la cual —pese a su condición de extranjero— llegó a ser Vicepresidente. Renunció a tan alta función para dedicarse de lleno a la literatura. Sin embargo, infundios interesados pretenden achacar la causa de su dimisión a un supuesto complot del espionaje internacional.

“Sus personajes son brutales, alcoholizados, marginales. Viven en cuartuchos, junto a cucarachas nocturnas; escupen maldiciones, roban para medio subsistir y hacen el amor con insólita frecuencia. Como ídolos de una vulgaridad sensual, van por las ciudades contaminando el ambiente con frenéticos desplantes de ignominia. M. M. ha sido también un afanoso viajero y poliglota ejemplar, conoce veinte idiomas (incluyendo el niamibio) y escribe con fina propiedad en cualquiera de ellos. Fue distinguido en 1985 con el Premio “Arcángel de plata” que otorga bienalmente el Club de Lectoras de Ruviano, populosa población de la Argentina; y en 2002 obtuvo el “Ruiseñor Hispánico”, galardón a cargo de la Sociedad de Estudios Comparados y Similares, con sede en Doral, Miami-Venezuela, USA.

“Es autor de diez volúmenes de cuentos cortos o semi-largos, ensayos sin tanteos previos, novelas al por mayor según el estilo de Agatha Cristhie, sones y sonetos, guiones de cine mudo, artículos periodísticos de última necesidad, recetas aeróbicas, programas de radio, Manuales de Inteligencia Artificiosa y 200 podcasts de Consejos prácticos o semi-prácticos. En la actualidad prepara una antología de tan extensa obra. El Diario Le Fisgoniere, de París, lo ha nominado este año para que dirija su página literaria y coordine el homenaje conmemorativo al gran autor galo-marabino Louis Barrére Linars. Por su parte, la Revista Plurimenio, órgano del conocido Sindicato de Alforjadores, acaba de nombrarlo como gerente vitalicio hasta que fallezca o desfallezca. Constituye una altísima honra, difundir la palabra de nuestro notable escritor que pronto tendrá amplias repercusiones en todos los ámbitos mundialistas, virtuales, locales y coloquiales”.

Mi editor, con especial énfasis, me ha felicitado por esta “al fin lúcida contraportada”, asegurándome la venta total de los miles de ejemplares que aún descansan en los depósitos de las librerías. ¡Así sea!

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