Literatura, naturalezas casi muertas, sutilezas vivas, palabra de humor, futuros en retroceso, adivinación de pasados, presentes insolentes, truécanos, retruécanos, erotismo, derrotismo, y de todo una pizca como en la (in)humana globalización actual.
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jueves, 22 de junio de 2023
CON EL ORINOCO A CUESTAS
martes, 20 de junio de 2023
ANCIANO FALLECE EN ACCIDENTE SEXUAL
miércoles, 14 de junio de 2023
ENTRE LUJURIAS Y FANTASMAS
jueves, 8 de junio de 2023
RECETA DE REQUIEM
jueves, 25 de mayo de 2023
CÍRCULOS ESENCIALES
Las cuartillas están en su imperturbable quietud para que las ordene y remita al Concurso de Novela de la Universidad Cordeliana. Son doscientos folios que observo sin pasión, porque ya he olvidado las emociones bruscas y los excesos del sentimiento; si caemos en ellos, el corazón puede eliminar el trecho que nos queda hasta lo definitivo. Círculos Esenciales es el título de mi novela, no entiendo cómo le coloqué ese nombre tan insulso, pero ya no hay retorno posible.
Necesito un trago, el whisky atempera el espíritu y sana la impaciencia y las dudas, creo yo. La Universidad Cordeliana premia al ganador con seis mil euros y una beca de creación literaria durante un año, ¡loables retribuciones en esta época de guerras y descalabros!, aunque las pesquisas a través de Internet no auguran un buen ambiente, pues la institución está ubicada sobre un risco, los habitantes de la zona comen magras sardinas para la subsistencia, llueve siempre al compás de truenos alocados y no resulta fácil asentarse ahí como extranjero, ya veré.
Mi novela contiene tres partes que de alguna forma se imbrican: la historia de un monje lascivo del siglo XIII que desflora a una ninfa y como castigo es quemado en la hoguera, el presidente electo que se suicida después de juramentarse, y de manera transversal algunas circunstancias de mi propia y común existencia. Me ayudo con la bebida para ordenar a última hora tramas y capítulos: El monje libidinoso, ataviado con su hábito monástico, deambula por los olivares mientras reza. Súbitamente ve la estampa de una ninfa, un milagro que transita a contraluz, y enseguida desata el amarre del cordel de la cintura, se levanta la sotana y despliega un enorme falo bifronte que, orgulloso, muestra a la ninfa, ella lo ve y permanece impasible.
lunes, 24 de octubre de 2022
EL TEXTO INFINITO
lunes, 24 de enero de 2022
ANÉCDOTAS DE ESCRITORES
—En París, promediando el siglo XIX, se organizó una reunión de psiquiatras para analizar colectivamente el caso de un enfermo mental que tenía deslumbrados a todos los galenos, por su inteligencia y sagacidad. Y como el evento coincidía con el arribo a Francia de un célebre alienista norteamericano, éste fue invitado a la reunión para que observase de cerca al paciente. Allí estarían también el gran escritor Balzac y algunos otros intelectuales y periodistas.
El encuentro se realizó como estaba pautado; y al concluir el mismo, los psiquiatras franceses le pidieron opinión sobre el enfermo al colega norteamericano, y éste dijo: “Nunca había visto algo así, el hombre es genial , hay que ver cómo se expresa e hilvana las ideas, hipnotiza con la fuerza de sus palabras y su gestualidad, en mi opinión se trata de un caso único, me llevaré copia del expediente”.
De inmediato, sus colegas lo sacaron del error: “¡La persona a quien usted se refiere es el escritor Honorato de Balzac, el paciente es el sujeto que casi no habló!”
—Andrés Bello, nuestro eximio polígrafo, sostenía correspondencia con un amigo cuyas colosales faltas de ortografía le desesperaban. En cierta ocasión, después de una velada, el amigo se despidió diciéndole:
-Esta semana le escribiré sin falta.
-¡Oh, no se tome ese trabajo! –le respondió Bello–, escríbame como siempre.
—Un joven compañero fue de visita a la casa del poeta Juan Sánchez Peláez; y la esposa de éste, después de abrirle la puerta, le pidió que se sentara y esperara pues el poeta estaba ocupado.
El visitante advirtió entonces cómo Sánchez Peláez, caminando alrededor de un patio, miraba hacia el cielo, entrecerraba los ojos, fruncía los labios y pronunciaba susurros ininteligibles. El joven, un tanto asombrado, le preguntó a la señora si le ocurría algo a su marido, y ella respondió: “No, chico, no te preocupes, es que Juan está buscando un adjetivo”.
viernes, 12 de noviembre de 2021
UNA VEZ QUISO SER GATO
Tenía treinta y ocho años y una sola vida. Quizás alguna vez quiso ser gato para arañar siete o más existencias, para maullar a las salamandras, para saltar y revolcarse con la felina ansiedad de sus antepasados. Quizás también quiso ser gato negro, relumbroso, tierno en ocasiones, para observar con ojos calmos este desastre de mundo. No es raro tampoco que quisiera convertirse en gato para simplemente vivir como un gato y pensar como un gato.
No resulta caprichoso que alguna vez
haya querido ser perro, a fin de hacer todas las cosas contrarias. Y
meditándolo bien, podríamos aceptar que en una racha de debilidad haya
pretendido mutarse en árbol, rama, cogollo, naturaleza fructífera. Todo cabe
dentro de lo factible, aun la idea de ser cigarro, tinta o mariposa.
Pero ahora tenía treinta y ocho años y
esa sola vida apenas. Ya no podía transmutarse en la morosa mirada de los
gatos, ni en la haragana molicie de las sillas (tampoco lo deseaba). Debía
conformarse con la simetría de las mismas escaleras, el desgaste de las
palabras y de las hembras conocidas.
Su existencia era el vacuo calco de
otros dramas representados de antemano; y aquella esperanza de animal siete
vidas, de mariposa incandescente, de perro orgiástico, había cedido paso a un
tiempo sin imaginación. Durante una crisis decidió rebeliones, vistiéndose de
asesino, vagabundo, poeta, pero nada dio resultado. En el desarrollo de dichas
actividades (válidas para otros) él sólo repetía situaciones copiadas de las novelas,
y poco a poco tuvo que volver a su inicial figura. Los demás (y esto parece lo
más grave) nunca se percataron de cambio alguno.
Para ser fieles a la verdad, debemos registrar otro intento fallido. Como creía en la grandeza de los actos insignificantes, alentó la ilusión de perfeccionarlos, y así cronometró las horas, prefijó la intensidad de los vocablos y las risas, pero ni aun de este modo pudo convencer a nadie.
jueves, 4 de noviembre de 2021
SOWAMI SHOP
Llegué al aeropuerto de Saint P. una noche torrencial, luego de haber cruzado el océano en un avión que parecía a punto de disipar sus alas. Aunque soy ateo, durante el viaje me persigné con religiosa coherencia, pues figuraba que la muerte tenía los lazos dispuestos para envolverme. Mi compañero de butaca, un viejo cínico vendedor de seguros, aprovechó la oportunidad y me obligó a firmar la póliza dorada de su compañía norteamericana. Para celebrarlo, nos tomamos tres botellas de Dry Sack que surtieron el efecto de la anestesia.
domingo, 26 de septiembre de 2021
CORTE ARRASADA
El señor Presidente
camina sobre las puntas de sus pantuflas para no alterar los blandos
sueños de la Primera Dama. La abundosa noche anterior, pródiga en brindis y
zumos gubernamentales, justifica un momento más de mullida evasión. El doctor
Eliseo Goncourt, mientras repasa obligaciones de agenda, medita con nostalgia
anticipada en que pronto terminará el mandato presidencial, y siente —junto a
los fugitivos aires de noviembre— una cívica satisfacción por el deber cumplido
que casi lo impele a improvisar un discurso histórico, “compatriotas dejo el
honroso cargo con…”, pero inmediatamente se percata de que necesita rasurarse
sin dilaciones porque su republicana investidura no acepta una faz tan
ofensiva. En todos estos años palaciegos ha aprendido a moverse con prestancia
cabal, y aun dentro de su recámara y a las nueve de la mañana actúa con
cultísima etiqueta, pero el sobresalto del intercomunicador para muy secretos
asuntos de Estado le impone un ¿qué vaina habrá sucedido?, y luego escucha la
fornida voz del general ministro de la Defensa: “¡Apúrese, doctor, la guerrilla
de Andrés Amaral tomó la Corte de Justicia!”.
El abogado Sabino Alcázar, máximo magistrado tribunalicio, cuando mira irrumpir al grupo violento en el despacho de las leyes, cree que las pupilas lo engañan con otra de sus tinieblas, aunque esta vez no requiere de la usual confirmación de los espejuelos porque la circunstancia resulta de perfecta obviedad: “¡No se mueva, es un operativo del Frente Nariño!”, y en reacción primaria quiere emprender un esclarecido alegato, que si respeten, que si la democracia, que si la digna y Suprema Corte, pero la imagen de su mujer, menuda y dócil, le amuralla el riesgo de las frases triviales, y entonces —con tintineo de miedos ocultos— suplica a sus dos secretarias lívidas que acaten sin histerismos la disciplina de la subversión.
jueves, 16 de septiembre de 2021
DIEZ CONTRAPOEMAS EN EL BARRANCO
I
ESTAMOS FRENTE A TODAS LAS MIRADAS
GUÁRDATE EL ALMA DONDE MENOS LO ESPEREN
NO TEMAS POR EL MUNDO
ÉL SEGUIRA GIRANDO CONTRA SÍ MISMO
II
EL MARASMO NOS INVITA A SU ORDEN ÍNTIMO
POSEE FLORES ARDIENTES Y PROFUNDAS
CON SIGNOS QUE CONOCIMOS
CUANDO ESTÁBAMOS MUERTOS
III
VEO DESDE MI CAMA UN ÁRBOL AZUL
AL BORDE INTENSO DE LA MONTAÑA
CUANDO NIÑO PENSÉ QUE SUS RAMAS NO EXISTÍAN
AHORA ESTOY FERVIENTEMENTE INSEGURO
IV
ESCRIBÍ UNA OBRA EN CINCO TOMOS
PARA LA PERPETUA POSTERIDAD
MAS EL VIEJO EDITOR DETRÁS DE SU NIEBLA
RESOLVIÓ LEERLA DURANTE EL INFINITO
V
UNA MÚSICA A LO LEJOS INVENCIBLE
RESUENA TRAS LAS NUBES
EL SUEÑO ESTA VEZ TODO LO ARRASA
NUNCA MÁS ME SENTIRÉ DESPIERTO
viernes, 23 de julio de 2021
PERIODISTA EN CRISIS DE RECUERDOS
El día es un lento transcurrir de menudencias, o de esa forma lo percibe y escucha Amancio. Está en una calle amplia, con edificios que muestran pátinas de moho. No sabe el nombre de la calle, tal vez lo ha olvidado, tal vez nunca lo supo. Camina a pasos invariables, como tratando de encajar los zapatos en los adoquines (juego de infancia, desmán del adulto que todavía se cree inexperto). En las alturas, un avión embadurna el infinito con destellos de gas y un eslogan que los transeúntes observan: Tome la vida en serio.
Esquiva la agresión de los automóviles y cruza la calle. Perros maleducados que se desfloran entre sí, árboles enanos, radios en competencia de ondas vacías. Ahí la ciudad parece modificar su rostro corriente y se vuelve un deforme ensamblaje de ladrillos y tachos de basura, aunque él no lo observe ni le produzca asombro.
El anuncio de Último Clarín, periódico de amarillismo crónico y enjuto tiraje, se encuentra en el cuarto piso (sin ascensor) de un inmueble bombardeado por las guerras del tiempo. Amancio lo ve y, al compás de mecánicos actos reflejos, abre la puerta y sube las escaleras. El ahogo le encabrita los bronquios, las pulsaciones no hallan ninguna sindéresis. ¿Se lo diagnosticó el médico?
sábado, 10 de abril de 2021
TARIFAS PARA UN ESPOSO DISMINUIDO
YO me topé con Norberto Alviárez cuando ambos estudiábamos Economía a trompicones y blandíamos los estandartes de la lucha política. Desde que hablamos por primera vez en el cafetín universitario (entre palabras sueltas y un torbellino de iracundias contra el Sistema), supe las reales inclinaciones de Norberto: la música y el sexo; lo demás no le interesaba de veras o sólo le importaba como signos del tiempo. Hoy que lo enterrarán sin elogios de prensa ni avisos mortuorios, sin coronas de claveles ni chocolate caliente, veo su imagen de bigotes y sus manos sobre el piano del Trópical (pronunciado así con ínfulas gringas): un bar de mujeres tristes y cervezas alegres, o lo inverso, donde nos fiaban hasta que terminaba el mes. Norberto –Tito para los amigos cercanos– era un conquistador de chicas desquiciadas, de locas profundas, de zorras frescas, y siempre se enamoraba como un maniático y les componía canciones pasionales (mitad poéticas, mitad estrafalarias) para mantenerlas en su harem de seductor urbano. Yo me beneficié, por carambola, de tal arca de mozas fermozas, convenciendo a algunas para que también me arrullasen; “Tito me ha autorizado, somos como hermanos de leche”, les decía, y las tipas aceptaban sin mayor obstáculo porque las modas de la época pregonaban la libertad sexual y la toma del poder a toda costa. Tito y yo, yo y Tito, fuimos una inseparable conjunción de caracteres disímiles, de orillas lejanas, de aguas y vinagres, hasta que se marchó al exterior. Ninguno de los dos terminamos los estudios de Economía. Afortunadamente.
lunes, 26 de octubre de 2020
TAL DÍA COMO HOY
TAL DÍA COMO HOY
(24 de diciembre)
1865. Seis hombres blancos
organizan en Estados Unidos el grupo racista Ku Klux Klan.
1922. Nace Ava Gardner en
Boon Hill, Carolina del Norte.
1946. Son hallados en México
los restos del conquistador Hernán Cortés.
1986. Un rehén francés es
liberado en el Líbano.
1989. Caracas, capital de
Venezuela, sacudida por sangrientos motines callejeros.
Sidney los cuenta. Hay cinco en el cobertizo.
Sólo falta Jeremías. “Perdonen, el bastardo de mi jefe no quería soltarme”.
Ahora son seis y una sola sangre de blancos, enhebrándolos. Sidney, “el Gran
Mago”, absorbe su cigarro hasta sentir la flama entre los dedos: violencia del
fuego, cercanía de calores primarios. Enseguida habla como si estuviese en
púlpito de guerra: “¡Hermanos que aún no logran escucharnos!, los aquí
presentes juramos constituir el Imperio del Sur para defenderlos de todo mal, y
prometemos restaurar los honorables principios y el poder que nos han
arrebatado. ¡Gloria a Jesús! ¡Muerte para inmortalizar la existencia! ¡Negros a
la pira perpetua! ¡Vivan los Caballeros Secretos del Ku Klux Klan!”. Un cuervo
ahorcado los ve con sus cristales fijos.
Sidney salpica el juramento con varios tragos de whisky que le liman ardores de lengua y de discursos. Los otros —sudorosos, irritables— escancian últimas gotas. Ahora las máscaras puntiagudas, el terror en indumentaria de odios pálidos, ojos que lanzan fogaradas tenebrosas, “¡negros cerdos, negros esclavos, negros hijos de negras putas, reos de soga y látigo, cuchillo y expiación!”.
martes, 20 de octubre de 2020
TRAS LOS BARROTES DE LA VIOLENCIA
Abandonó
Caracas en un ferviente impulso por preservarse de la violencia y la
inseguridad. Aquí el sueño se le escapaba a través del desespero, veía
homicidas (o espectros de homicidas) en cada calle, sentía que los vericuetos
de la criminalidad lo cercaban con creces, se angustiaba a vaivén de sístoles y
arritmias ante las estadísticas del delito, no confiaba en los bancos para
guardar los sudorosos ahorros (“Siempre se los roban”, decía o maldecía), se
enclaustraba -hermético- entre las rejas de su apartamento con la ilusión de
que no llegaran los malhechores, y subsistía a base de pastillas y granulados
sin récipe para mitigarse el pavor que lo atenazaba. Tenía motivos de sobra y
de zozobra: lo habían asaltado varias veces y ostentaba en el pecho una bala
que los médicos-matasanos no pudieron extraerle.
Cambió su peculio en el mercado de dólares negros y partió por el aeropuerto principal, renegando del Alma Llanera (en espíritu o en CD), del clima autóctono, de la harina de maíz y el desayuno criollo. Había escogido el pueblo de Busenberg, en los confines del suroeste alemán, para recalar su aflicción, pero, sobre todo, para conservarse en vida, porque aún no quería rendirle cuentas a cualquier deidad santísima y suprema. Eligió Busenberg, según las recomendaciones Web de la cromática zona de Renania, con la maciza voluntad de formar parte del reducto campestre (1.400 habitantes, un cine, clima suave u oceánico, varios parques naturales y uno de diversiones con trencito y tiovivo). ¡Qué más pedir!
lunes, 12 de octubre de 2020
IN MEMORIAM PARA EL OLVIDO
Hoy cumples año y te levantas de la cama con el escozor de verte en el espejo. Desde los huesos, ráfagas temblorosas tratan de impedirlo, pero tus deseos de comparación y evidencias son superiores a cualquier adversidad. Conforme al rito de los récipes, tragas las pastillas contra los achaques eternos, luego te calzas la prótesis dental de sonrisa fija y exclamas como en plegaria de un ego tímido “¡Ah, otro ciclo más!”. Las pantuflas, vetustas y resignadas, aguardan que amaine el dolor para conducirte hasta el baño, los diez pasos de distancia resultan interminables. Ya ante el espejo, pones cara de septuagenario decoroso para que la imagen sea grata a tu propia vista, pero la argucia es inútil pues aparece un anciano de rostro vacuno, con arrugas en crucigrama, pupilas mortuorias y un insólito soplo de adioses definitivos. Lanzas gritos como de ahogo crucial, mientras cierras los párpados a fin de que el mundo se esfume; y en ese trance oyes a tu madre hablándote desde el azogue con una escurridiza voz que no semeja la suya: “Felicidades, Larinio, pero no te adelantes, la eternidad es un completo aburrimiento, aquí no puedo dedicarme a los encajes ni a los bordados en cruz porque el tiempo solo existe para obedecer los mandatos del Señor; espera, Larinio, espera sin nervios, tu fecha llegará cuando menos lo creas, ¡te bendigo mil veces, adiós!”. Larinio, ese horrible nombre copiado por tu madre de un libro anónimo, te devuelve a la realidad donde sobrevives; entonces sueltas una densa lágrima y las pantuflas te llevan a la cocina-comedor mediante catorce pasos de cuerda floja y extremas hazañas del equilibrio.
jueves, 9 de abril de 2020
ASEDIOS DE MINOTAURO
lunes, 30 de marzo de 2020
ENVÉS
La mujer, para demostrar su ausencia presente, lee
un periódico de ayer, y piensa qué fastidio, otra vez las súplicas, los “te
quiero” y los “te adoro”, pero se acabó, estoy enferma de exactitudes, de
previsiones menudas, necesito una vida, la vida, para nuevamente sentir motivos
ardorosos, demencias nobles, renovadas energías.
Sus cincuenta años los tiene allí, en la
artritis inflexible, en la hipertensión sin barreras, e insiste: No te vayas,
no se te ocurra hacerlo, por Dios, por favor, vendrán tiempos mejores,
diferentes naves sin olvido, barcos de La Habana cargados de a-mor,
a-legrías, a-lucinaciones, pero podía adivinar sus respuestas silenciosas
(licenciosas): No me jodas, no me hartes más, mientras pasea por la
habitación el desparpajo de su dormilona de jersey y sus carnes en estampida.
Cuando la conocí, ella era un cotillón de risas dentro del carnaval, una lluvia de papelillos sobre la ternura de mis palabras; su disfraz de peluche me turbaba y conturbaba, y la música nos hacía deslizarnos en la pista con escarcha de saxofón y serpentinas. Me murmuró que la llamaban Betty, de por vida —de por muerte, y yo le afirmé (ladeando mi cigarrillo enésimo) que Heráclito siempre tiene razones fluviales, hoy estamos aquí, mañana en lugares distintos, aunque te bañes en semen-ríos, en semen-mares. Ella no entendió, le costaba entender, y yo la arrastré a la modestia de una pieza de a ratos para convertir nuestro encuentro en una olimpiada de besos descomunales, en un dulzor de sirop chocolatado, y la sorbía y subía por sus nalgas, déjate, libérate, dámelo, y Betty pensando —según me confesó después— en la estampa contraria de la Virgen de Coromoto, estricto concepto, fija fijación. Alfredo Sadel habría expresado que le vio brotar una lágrima íngrima; Panchito Riset se la hubiera bebido, consumido (la lágrima), para luego pregonarlo en todas las cantinas; Toña la Negra tan sólo hubiese agregado: “Flores negras de tus ojos”.
domingo, 29 de marzo de 2020
OCASO DE UNA VIDA DIGITAL
Abre los ojos y la incertidumbre de la mañana le
aturde los sentidos. Se halla como entre
nubarrones opacos, traga una saliva amarga (densa, casi ajena), le cuesta
determinar su nombre. No hay nadie, quizás todos partieron a cumplir el afán
cotidiano. Con lentitud, el entorno se va haciendo reconocible: la cama y su
colcha gris, el cuerpo de la cantante Shakira en el afiche lleno de fans, la ventana que da hacia la
oscilación de los rayos del sol. Alarga la mano y se topa con el teléfono
inteligente. ¡Enhorabuena!, ya no está solo, ha encontrado a su inseparable
amigo, qué suerte tenerlo ahí, siempre dispuesto y comprensivo. Sonríe,
aplaude, celebra la hazaña de poseer un camarada hecho en el verídico Japón,
cuyas dotes le ayudan a sobrevivir.
Se enjuaga y seguidamente busca los últimos comentarios en las redes sociales, donde él -con orgullo de ciudadano del ciberespacio- está incluido desde que tiene uso de razón digital, y ríe por los insultos de 140 caracteres que se otorgan sus compañeros virtuales; y luego, como internauta perfecto, responde cualquier ocurrencia, memes o emoticones, sin excederse en críticas ni en los esquemáticos “me gusta”. Luego, va a la cocina y se engulle el pan de siempre, con rapidez a fin de no distraerse del diálogo en la red, y se toma un sucinto jugo porque ya debe adentrarse en el correo electrónico de Yahoo, Hotmail, Wanadoo y Gmail. Ahí están, a la medida de una contraseña, los seres humanos que solo frecuenta por esas vías, pues no posee tiempo real ni minutos disponibles para hablarles cara a cara.
domingo, 22 de diciembre de 2019
UNA PERLA (DE PALABRAS)

Un Día de los Inocentes Perla me citó, hecho que me excitó mucho, en el Bar Tolo, ubicado en un inmundo segundo sótano de esta ciudad del tercer mundo, y yo la esperé casi desesperadamente como si mi reloj Casio marcase -al derecho y al revés- el tiempo de los reveses humanos; y aguardándola, apenas guardé entre pecho y espalda los insultos, las penas, el despecho, los terribles reclamos que clamaba mi corazón de melón, y me embebí en una bebida escocesa sobre las rocas para meditar en lo que estaba a punto y coma de decirle, de espetarle, de espepitarle; y por fin ella llegó, llena de lluvia, y sin aclararme nada de nada por su retraso, ¡así somos en este lugar atrasado!, escogió una silla coja y se sentó frente a mí: “Holamiamor, cómoteva, porquéstastanserio”, me susurró arrastrando los vocablos con su boca de pintura labial, y por debajo de la mesa empezó a sobarme las piernas y las medias mediante las suyas, en son de paz contra la guerra a muerte que pronto íbamos a escenificar.
CARACAS DE SOL A ASOMBRO
viernes, 20 de diciembre de 2019
CIANURO ETERNO
En vuelo directo, Victorino Arriaga ha salido de Ciudad de México con destino a sus compulsiones y sabe la razón: debe indagar las causas de por qué los uruguayos son los primeros en las estadísticas de suicidio en América Latina y el Caribe. Como psiquiatra, le interesa más el análisis in situ que la consulta de miles de páginas a través de Internet; y sobre tal realidad, empaparse de la vida (o la no vida) de sus sujetos de hipótesis científicas. Aunque hasta ahora no tenga ninguna, pues así trabaja: parte de un conjunto de datos y va elaborando la secuencia de las labores. “Estás tan loco como tus pacientes, Victorino”, le recrimina su mujer desde una memoria conyugal que dejó instalada en
lunes, 9 de diciembre de 2019
SI ME HAN DE MATAR MAÑANA
Sólo quedan él y los mariachis temblorosos. “¡Toquen hasta morir de veras, no se me achicopalen en las últimas!”. Por algo lo llaman el Mexicano, aunque nació en una sierra de los Andes a varias leguas de Bogotá, bajo cielos ásperos y un frío de dioses alocados. “¡Que suene la música, caleños!”. Dispara y toma, como si el anís Carta Blanca, de reales cepas colombianas, le infundiese audacia a la ametralladora. Dispara y escupe, como si necesitase juntar ambos extrañamientos. Dispara y canta, como si las razones melódicas formasen parte de una misma guerra de estruendos. Observa los helicópteros en vanguardia de exterminio, el ejército agazapado entre arbustos luminosos, el fuego con precisión de víctimas, “¡Ríndete ya, Mexicano!”. “¡Que se rindan sus madres!”, grita o piensa, mientras un calibre de cuarenta y cinco violencias destroza lujos inmerecidos: el cuadro de Picasso, la escalera con artificios de ebanistas barrocos, los grifos de oro, la estatua de contrabando, los divanes en redundancia de caobas, el fraude genealógico de un escudo de patrañas...













